Hay lugares que no se visitan… se conquistan. Auvernia emerge del corazón de Francia como una tierra forjada por fuego antiguo, donde volcanes dormidos vigilan valles infinitos y cascadas que rugen entre bosques profundos. Sus pueblos medievales, de piedra oscura y calles eternas, guardan historias de caballeros, mercaderes y viajeros. Aquí cada curva del camino promete asombro, y cada amanecer invita a seguir explorando.
Por eso, os animamos a acompañarnos en esta aventura por esta tierra indómita, recorriéndola a bordo de nuestra autocaravana.
Os dejamos aquí el vídeo de nuestra escapads a los volcanes de Auvernia en nuestra autocaravana:
5 de abril, domingo: Álava – Chapdes-Beaufort (665,6 km)
Después de analizar las previsiones meteorológicas, nos debatimos entre arrancar el sábado de Pascua o dejarlo para el domingo, ya que habría menos gente en las carreteras. Pensando en que el viaje que teníamos por delante no era demasiado largo y la zona a ver era relativamente contenida, apostamos por la idea original de salir cuando la gran mayoría de España se encontraba en operación retorno.
El sábado, menos lo de la nevera y los aparatos electrónicos, dejamos todo cargado, así que esta vez nada impediría que saliéramos a una hora más o menos digna.
Nos levantamos a las 7:30am, cargamos esas últimas cosas, cerramos la casa y a las 09:59 pusimos rumbo a nuestro destino…pero está claro que el universo no nos quiere dejar salir antes de tiempo, ya que en el mismo momento en el que llegamos a la carretera principal, una carrera ciclista nos cortó el paso.
Barajamos varias opciones para esquivarla, pero ninguna era buena y la carrera, realmente no iba a tardar tanto, así que nos acomodamos y animamos a los chavales en primera fila.
Finalmente, conseguimos arrancar poco antes de las 11:00am. Paramos en la primera gasolinera que pillamos y llenamos el deposito a 1,84€. Al ir a pagar el sablazo, nos bajaron 6€ ya que bajaban unos céntimos a las autocaravanas.
Condujimos por la complicada nacional guipuzcoana y una vez llegamos a la frontera, autopista hasta nuestro destino.
Al tener pocos días, quisimos llegar lo más pronto posible y no teníamos ganas de dramas, ya que las generales francesas son un auténtico infierno. No dejas ni una sola población por cruzar ni una sola rotonda por circunvalar.
Cerca de nuestro final vi que la aguja del medidor del gasoil bajaba bastante del último cuarto, por lo que tocaba pensar en cargar combustible nuevamente, pero si en España estaba caro el gasoil, en Francia estaba a precio de aceite de oliva virgen extra.
A cada gasolinera que pasábamos, más cara la veíamos: 2,33€, 2,49€, 2,65€ y ahí me salta la reserva. Nos quedaban 40 kilómetros para llegar y tenía gasoil para 75kms. Entramos en modo conducción económica y poco antes de llegar a nuestro destino, salimos de la autopista y entramos en un Carrefour Market, donde echamos a 2,29€/l. La broma nos salió casi 170€ (¡gracias Trump!), pero poco más podíamos hacer, ya que no teníamos cerca ningún L´eclerc o Intermaché, donde suele ser algo más económico llenar el depósito.
En cuestión de 10 minutos llegamos al pueblo de Chapdes-Beaufort, donde hay un AS gratuita, con poste servicios de monedas (45.892249, 2.860166).
Al llegar había otra autocaravana, pero para ser el lunes 6 de abril festivo nacional en Francia, ni tan mal.
El parking está en rampa, siendo las plazas de abajo las mejor niveladas. El suelo es de gravilla, bien pisado y además cuenta con hierva al final por lo que, para las perrillas, ¡de lujo!
Después de poner los calzos en el lado izquierdo para nivelar un poco la autocaravana, salimos a pasear un poco con las perrillas. Alrededor del área hay unas gallinas y una vaquería, pero sin problema.
Nos disponíamos a estar un rato relajados hasta la hora de la cena, pero está visto que el destino había previsto otra manera de pasar la tarde para nosotros. Al abrir los grifos, la bomba se accionaba, pero no echaba agua. Hicimos varias pruebas, pero sin resultado.
Abrimos el deposito del agua e intenté enredar un poco, pero estaba tan lleno que al meter la mano se salía el agua, así que tuve que quitar el tapón y vaciar medio depósito para poder manipular.
Después de enredar, no vi nada raro o que pudiera solucionar en ese momento. Nos resignamos a tirar de garrafas, pero buscando en el foro de ACPasión encontramos la solución. Seguramente sería alguna burbuja de aire del movimiento y lo solucionamos quitando el cabezal de la ducha, accionando el grifo, soplando fuerte para adentro y después succionando hasta sacar agua. Lo hice un par de veces y ¡voila!, el agua volvió a correr.
Después de eso, cena y a planchar la oreja.
6 de abril: Chapdes-Beaufort – Puy de Côme – Puy de Pariou – Chapdes-Beaufort (35,4km)
Las campanas de la iglesia tocan a las medias y las enteras, pero a las 23:00 dejan de sonar hasta las 07:30 del día siguiente, por lo que la noche fue bastante tranquila.
Nos levantamos con un sol radiante y después de desayunar, pusimos rumbo a nuestro primer destino, el volcán Puy de Côme.
En cuestión de 15 minutos ya estábamos en el parking habilitado para visitar uno de los volcanes más famosos de la región (45.807522, 2.936226).
Hemos de decir que pasamos por Vulcania, un parque temático centrado en los volcanes, pero los perros están prohibidos, por lo que ni lo valoramos, pero tiene buena pinta, sobre todo si vais con niños.
Poco antes de llegar al parking, vimos que hay un AS de pago pegada a Vulcania, donde había bastantes autocaravanas, pero los 10 kilómetros que nos separaban de la zona no justificaban el pagar un área teniendo la otra tan agradable y gratuita.
El parking principal está limitado en altura, por lo que lo dejamos en la zona reservada para autobuses. El suelo es de grava volcánica, por lo que podría ser un poco áspera para las patas de los perrillos, así que no nos paramos demasiado allí y cogimos la ruta señalizada en azul “Tour de Côme”.
La ruta de 6,5 kilómetros y muy poco desnivel es muy chula y rodea el famoso volcán a través de un sendero que pasa por zona de bosque llena de musgo y encanto donde se pueden observar vestigios de hornos de carbón (fourneaux de charbon en francés). No es una ruta que entrañe demasiada dificultad, aunque es recomendable llevar calzado adecuado e incluso bastones (había zonas embarradas y piedras resbaladizas).

Íbamos siguiendo una ruta de wikiloc, por lo que no nos fijamos demasiado, hasta que se nos estaba haciendo largo y no terminábamos de subir al cráter. Resulta que, con el objetivo de preservar la zona, han cerrado el paso y ya no se puede subir a la cima.
Con la cara pan que se nos quedó, terminamos de hacer la circular alrededor del Puy de Côme y una vez en el parking, arrancamos y nos acercamos al segundo objetivo del día el volcán Puy de Pariou, un volcán con cráter perfecto y al cual, sí se puede subir.
Nada más llegar al parking (45.80395, 2.98749) nos dimos cuenta de lo panolis que habíamos sido, ya que en este estaba toda la gente que no habíamos encontrado en el otro, señal de que la visita al Puy de Pariou pintaba bastante más interesante.
Aparcamos en la zona reservada para autocaravanas, comimos y, después de reposar la comida, pusimos rumbo al volcán del cráter perfecto.

La ruta estaba a tope de gente, tanto subiendo como bajando, así que anduvimos con cuidado de que las perrillas no molestaran a nadie. No es que sean malas, al contrario, son excesivamente sociables, pero en Francia son un tanto “especialitos” con los perros y las nuestras, son dos Villanas de las Encartaciones, pero muchas veces, al no saber identificar la raza las han confundido con mezcla de Standford o Pitbull, razas demonizadas en ese país hasta el punto de estar prohibidos.
De todas formas, el sendero no es demasiado ancho y tiene algunas raíces o rocas, por lo que cuando nos juntábamos varias personas a la vez, lo más educado era apartarnos con las perruchis y dejar pasar, algo que nos agradecían muy amablemente.
Una hora de sendero divertido y cuesta arriba, por fin llegamos a la cima. El cráter era inmenso y las vistas…madre mía, qué vistas. Hacia adentro, el cráter del volcán (ahora ya está prohibido su acceso), pero hacia afuera se puede disfrutar de una vista espectacular de todo el macizo volcánico de la Chaîne des Puys.
Hubiéramos querido hacer alguna toma aérea, pero el vuelo de drones está prohibido en esa zona Patrimonio de la UNESCO. Puedo estar más o menos de acuerdo, pero la ley es la ley y me aguanté las ganas.

Subimos hasta el punto más alto del cráter y después de disfrutar a tope de lo que nos ofrecía la zona, bajamos por el lado opuesto al que habíamos subido.
El descenso está hecho con escalones de madera, bastante cómodos y permiten bajar mucha altura en poca distancia. Por el contrario, llegamos abajo con los gemelos bastante cargadillos.
Después seguimos el sendero que se abre hacia la izquierda y en otra hora aproximadamente, ya estábamos en el parking.
En general no es una ruta difícil pero el desnivel hace que sea un poco dura para los cuerpos no acostumbrados a tirar de pierna. De todas maneras, no hay prisa, con calma y paciencia, a todo se llega.
Eran las 19:30 así que recogimos todo, levantamos anclas y volvimos al área gratuita de la que habíamos salido esa mañana, Chapdes-Beaufort, (45.892249, 2.860166).
No íbamos a decir nada, ya que siempre parecemos unos auténticos casca rabias, pero se pegó toda la tarde un chaval desquehacerado, dando un por saco con el ciclomotor…pueblo para arriba, pueblo para abajo, que estuve a punto de pararle y decirle que ya, que ya era suficiente, pero al final nos aguantamos y según se fue yendo la luz, recuperamos la calma.
Ahora sí, duchita, relax, cena y a dormir.
7 de abril: Chapdes-Beaufort – Puy de Dôme – Chapdes-Beaufort (50,5km)
La noche volvió a ser tranquila, pero se notaba que ya era día laborable, ya que poco antes de que cantara el gallo, los vecinos y vecinas del pueblo ya se estaban encargando de sus tareas.
Nos levantamos a las 7:30, desayunamos, recogimos todo y nos acercamos a la panadería que hay junto a la iglesia para coger la moneda necesaria para hacer uso del poste servicios del área, pero no le quedaban. Nos indicó que en la tienda de al lado también tendrían, así que después de comprar una hermosa baguette francesa, cogimos la monedita en la otra tienda. Sinceramente, si en lugar de “Jetons” admitiera euros sería mucho más cómodo aunque, por otro lado, seguramente visitaríamos menos los comercios de la localidad. Por cierto, el pan, buenísimo.
Vaciamos grises, wc y después de llenar limpias, nos pusimos rumbo al gigante de la excursión: el volcán Puy de Dôme, la joya de la cadena de los Puys. Con 1465m de desnivel, se puede acceder a la cima de este volcán a pie o en tren panorámico.

Recorrimos la ya habitual carretera y en 25 kilómetros, ya estábamos aparcados en el segundo parking al que se puede acceder (45.763967, 2.956259). El primer parking que nos encontramos en la subida es de donde sale el tren panorámico. Ocupamos una de las dos plazas habilitadas para autocaravanas (prohibido de 22:00-07:00), cogimos agua, palos y bien ataviados emprendimos la marcha.
El ascenso se hace siguiendo la ruta marcada como «Chemin des Muletiers» por una pista de tierra y grava con buenos rampones. Al menos, en cada curva nos deleitan con un agradecido banco con vistas abalconadas de la zona.
En escasos 4 kilómetros se ganan 400 metros de desnivel por lo que si no estáis bien en forma, tal vez os sea más práctico subir en el tren cremallera panorámico que hay en el parking anterior (17€/persona).
Subimos tranquilamente, haciendo paraditas cuando era necesario e incluso hicimos cierta amistad con algunos de los demás penitentes con los que nos encontrábamos en la subida. Había varios locos de atar que subían corriendo y bajando varias veces. Coincidimos con dos chicos que subieron y bajaron 5 veces, ¡increíble!. Finalmente, la subida nos costó 1 hora y medio bote de agua, pero las vistas nada más asomar a la meseta dejada por el cráter fueron impresionantes.
Lo primero que ves es el observatorio metereológico coronando la montaña y junto a él, los restos del Templo romano en honor a Mercurio. Según avanzas, puedes ver varios restaurantes, la estación del tren cremallera y alguna zona picnic.
Se nota que ese monte es muy famoso, ya que había cantidad de gente por allí: corredores de Trail Running, ciclistas, parapentistas y domingueros como nosotros.
Dimos un par de vueltas para no dejarnos nada sin visitar y después estuvimos un buen rato sentados en un banco muy bien puesto, disfrutando de las vistas y sobre todo de los locos y locas que volaban con sus parapentes y alas delta…madre mía, que envidia.
Arriba se estaba a gusto, pero soplaba bastante viento, así que al final te quedas un poco frío. La vuelta, en lugar de hacerla por donde habíamos subido, decidimos hacerla por la carreterita que baja junto a la vía del tren cremallera y que sigue la ruta marcada como «Chemin des Chèvres».
Un kilómetro más adelante, se prohíbe continuar a pié por el asfalto y tuvimos que bajar por un buen porrón de escaleras de madera y, al igual que el primer día en el Puy de Côme, dimos un paseo circular alrededor de la montaña por una pista preciosa pero bastante larga.
Al principio vas por un paraje totalmente volcánico, con laderas llenas de grava y rocas volcánicas, para dar paso a un bosque más cerrado de avellanos, los cuales se cierran en arco alrededor del camino, haciendo una especie de túnel muy bonito.
La vuelta nos costó cerca de dos horas hacerla, pero finalmente conseguimos llegar a la autocaravana, muy cansados pero contentos.
Eran las 16:00 así que comimos y nos tumbamos un rato para descansar…algo que nos costó, ya que se juntaron bastantes grupos de gente muy jaleosa a la espera de que les viniera a buscar el autobús.
Está claro que nosotros no tenemos suerte con lo de encontrar la tranquilidad y poder escribir unas líneas diciendo algo tipo: “después de comer, nos echamos una agradable siesta bajo el arrullo de los cantos de los pájaros y el correr el agua del arroyo”.
Lo nuestro, es más: “nada más tumbarnos a descansar, un grupo de ajetreados visitantes nos estuvieron dando la tabarra hasta que decidimos salir con la barra de hierro antirrobo y los matamos a todos a palos…” ja, ja, ja.
Se nos hizo un poco tarde y no teníamos fuerzas como para hacer la segunda excursión prevista para ese día, así que recogimos todo, tiramos los cadáveres de los visitantes que matamos a palos al contendedor de orgánico (asesinos sí, pero respetuosos con el medio ambiente, también) y volvimos a la misma área de los días anteriores.
Por el camino hay algunas otras áreas que cuestan entre 7€ y 15€ en temporada baja, pero la de Chapdes-Beaufort, además de ser gratuita, no está mucho más lejos y además, estábamos prácticamente solos.
Llegamos, aparcamos, nivelamos la autocaravana, pusimos el boiler a calentar para pegarnos una buena ducha y bajo el arrullo de nuestro habitual del ciclomotor errante (madre mía, lo que se tiene que aburrir el muchacho para estar todo el santo día dando vueltas con la motito…), sacamos a las perrillas.
Después de eso, descargar material videográfico, ducha, cena y a planchar la oreja.
8 de abril: Meandro de Queuille – Usson – Montpeyroux (129,2km)
Después de otra noche tranquila, nos levantamos a las 7:30am, desayunamos, recogimos todo, vaciamos grises y salimos a por el primero de los tres objetivos del día: el meandro de Queuille.
Conocido como “El Paraíso”, es un espectacular bucle del rio Sioule y, una de las maneras más sencillas de visitarlo, es desde el mirador del pueblo de Queuille.

Después de recorrer los 13 kilómetros que nos separaban de allí, aparcamos junto al cementerio (45.9722382, 2.8499044) y en escasos 30 metros ya estábamos en la plataforma desde la cual se aprecia el meandro en todo su esplendor.
Después de dar una vuelta por la zona, pusimos rumbo a nuestro segundo destino del día: Usson, catalogado como otro de los pueblos más bonitos de Francia.
Pusimos al TomTomGo que evitara autopistas de pago, pusimos las coordenadas y salimos en busca del pueblo construido en la cima de un volcán.

Nuestro GPS debe tener un humor bastante peculiar, ya que de las tres rutas posibles: buena, mala y peor, eligió la tercera.
No solo evitó las autopistas de pago, si no toda carretera decente. Tuvo a bien meternos por toda la cordillera montañosa, haciéndonos circular por carreteras estrechísimas de doble sentido y cruzar esos pueblos por los que no se te ocurriría ir a visitar jamás en la vida.
Muchos juramentos, sudor y dos horas después, ya estábamos aparcados en el parking gratuito y obligatorio para visitantes (45.5262701, 3.3366409).
Llegamos sobre las 13:00 y el mercurio marcaba 26ºC…pero así somos nosotros, de darlo todo, así que cogimos los bártulos y ni cortos ni perezosos subimos a visitar el pueblo sin dejar ni un solo baldosín sin pisar ni callejuela sin recorrer.
La verdad es que el pueblo es precioso y pasear por allí, es todo un placer. Este pueblo también es famoso porque fue donde se exilió a la reina Margot durante casi 20 años a finales del siglo XVI y en algunas calles encuentras información sobre su historia.

En un alarde de valentía y sin guardarnos nada, subimos hasta la virgen que corona este pueblo situado en un pico volcánico para disfrutar de unas buenas vistas de la Cadena de los Puys, el Macizo de Sancy, el Cézallier, los Montes del Cantal y Livradois-Forez. Después seguimos los símbolos de las salamandras hasta llegar a los órganos de basalto, ¡son espectaculares!.

Dos horas después, volvimos a la autocaravana y, como hacía mucho calor, decidimos comer en las mesas de picnic junto al parking.
Había un montón de mesas y nadie comiendo (a esas horas…quién iba a estar allí comiendo, pues?), así que cogimos la que estaba a la sombra y según estábamos preparando los bocadillos, de una autocaravana que había allí, salió un hombre extraño que puso Ramstein a tope en la radio y se sentó en la mesa de al lado como un Buda.
No sé si lo hizo con alguna intención disuasoria, pero nosotros lejos de hacerle caso, incluso disfrutamos de la música (si hubiera sido reggaetón, hubiera sido distinto).
Mientras comíamos, el tío estaba como centro de mesa floral. Al final, le dio un ataque de frustración, o algo así, porque después de un rato, se volvió a meter en su autocaravana y cerró dando un buen portazo.
Después de comer, pusimos coordenadas y arrancamos para el tercer y último objetivo del día: el pueblo medieval de Montpeyroux, catalogado como uno de los pueblos más bonitos de Francia.
Llegamos en cuestión de media hora y aparcamos en el área de autocaravanas que hay a las afueras (45.6253433, 3.2005697).
El precio es de 6€/24h y se paga te quedes a dormir o no. El suelo es de tierra, bien nivelado y cuenta con poste servicios (3€/jeton). Está junto a una granja escuela zoo mini parque de atracciones, pero a la hora que llegamos ya estaban cerrando así que no hubo jaleo.
Una vez aparcados sacamos el ticket en la máquina que hay al principio del parking y…esperamos un poco a que bajara el calor, ya que llegamos a 29,4ºC.

Bien entrada al tarde, subimos hasta el bonito pueblo pintoresco situado en lo alto de la colina, con su casco antiguo y torre medieval característica.
Evidentemente, a la hora que fuimos, no había nadie por allí, así que paseamos con total tranquilidad y tuvimos la oportunidad de ver cada rincón sin la presión que ejercen otros visitantes.
Una vez nos quedamos sin luz, volvimos a la autocaravana para hacer lo de siempre: ducha, descargar material multimedia, cena…y a la piltra.
9 de abril: Valle de Chaudefour – Lago Chambon (50,5km)
La noche fue bastante tranquila pero al amanecer, todos los animales de la granja escuela que teníamos enfrente (¿os habíamos contado que enfrente había una granja escuela, no?) se despertaron al unísono: el gallo cantaba, el burro rebuznaba, la oveja balaba y la vaca escocesa mugía…¡ia, ia, ho!!
Por suerte nuestro despertador sonó al de poco tiempo, así que rápidamente nos pusimos en marcha: sacar perrucas, desayunar, recoger y arrancar. Antes de irnos, quisimos vaciar grises para no llevar peso extra. Valoramos la idea de cargar agua y vaciar químico, pero como la idea era terminar el día en un área con servicios, no perdimos más el tiempo y arrancamos.
Nuestro destino sería el Valle de Chaudefour, declarado Reserva Natural Nacional en 1991. Se trata de un lugar maravilloso, con unas formaciones geológicas como consecuencia de antiguas erupciones volcánicas impresionantes y para culminar, un circo glaciar de película con varias cascadas…peeeeroo, siempre tiene que haber un pero y es que no se permiten perros ni siquiera atados (y tampoco bicicletas de montaña).
Por esta razón, nos debatimos sobre si ir o no, ya que no nos gusta ni un pelo dejar a las perras solas en la autocaravana tanto tiempo. Lo único que era una pena no visitar un lugar tan emblemático y que parecía espectacular en las fotos que habíamos visto, así que hicimos de tripas corazón y pusimos rumbo al famoso valle.

La anécdota del día fue que, al principio del último puerto, enganchamos un tractor con un remolque enorme de estiércol que iba a 20km/h, al cual era imposible adelantar, por lo que los 7 kilómetros de vistas preciosas y carretera de alta montaña se vieron ligeramente empañadas por el montón enorme de mierda que emanaba un olorcillo interesante.
Finalmente, y a 500 metros de nuestro destino, el tractor giró hacia la izquierda y nosotros hacia la derecha, llegando por fin al nuestro primer destino.
Hay varios parkings y el primero es el que está destinado para autobuses y autocaravanas (45.54056, 2.86192). Aparcamos justo en la entrada, debajo de unos arbolitos que daban un poco de sombra y así proteger en la medida de lo posible a la autocaravana del sol, ya que las perrillas iban a tener que estar allí durante unas horitas. Tratamos de llega temprano para poder evitar las horas de más calor.
Pusimos parasoles, abrimos claraboyas, pusimos Turbovent y llenamos a tope el cubo con agua. En principio, todo estaba correcto para que pudieran quedarse allí dentro sin ningún daño ni perjuicio.
Fuimos a pagar el parking y grata sorpresa cuando vimos que era gratuito del 1 de octubre al 30 de abril, así que eso que nos llevamos por delante.
Iniciamos la marcha junto a otra buena tanda de senderistas y una excursión escolar. Primeramente, la pista polvorienta fue dejando paso a una pista de montaña y poco a poco a un sendero con poco desnivel por uno de los valles más bonitos que hemos visto nunca. Las formaciones de roca magmática que se pueden ver a la derecha del valle, son realmente impresionantes (en menos de una hora estás en el valle).
A medida que nos íbamos acercando al circo que cerraba el valle para llegar a la Cascade du Moine, el camino se iba poniendo más empinado y ligeramente más técnico por las piedras mojadas y el barro, pero nada que no se pueda solventar con calzado adecuado, palos de trekking y un poco de ganas.
El regalo fue la cascada junto al frente nevado, del cual emergían puntiagudas formaciones rocosas y todo aderezado por numerosos y caudalosas cascadas y riachuelos, producto del deshielo.
Nos sentamos en una roca frente a la cascada y después de deleitarnos un rato, decidimos dejar espacio para el resto de senderistas que iban llegando y desandamos el camino hasta el cruce desde donde se puede volver al parking, ir al circo donde habíamos estado o visitar un famoso salto de agua, la Cascade de la Biche.
Irene estaba algo cansada de tanto tute, así que ella volvió a la autocaravana para no dejar solas tanto tiempo a las perrillas y yo me sacrifiqué por el equipo y fui hasta la cascada para documentar la ruta para el blog (así de generoso soy…jijiji).
Mientras que la visita al circo fue relativamente cómoda y poco técnica, la ruta hacia la Cascade de la Biche no lo fue tanto. Enseguida coge altura y vas a media ladera en ascenso por algunos pasos con bastante roca suelta, escalones y raíces. No es que sea algo muy técnico, pero hay que prestar más atención.
Tuve que cruzar bastantes arroyos caudalosos, por lo que los palos fueron de gran ayuda.
Finalmente, llegué al salto de agua que recuerda mucho a la famosa “Cola de Caballo” de Ordesa pero detrás tiene unos espectaculares órganos basálticos que la hacer muy especial.
Visto y documentado el salto de agua, volví por donde había ido y por fin llegué a la autocaravana, donde estaba Irene con las perrillas, las cuales estaban en perfecto estado y sin daño…menos mal.
Puede parecer una tontería, pero nos agobia mucho dejarlas solas en la autocaravana y que les pueda pasar algo: golpe de calor, que se enganchen en algún sitio o hagan un destrozo serio, sobre todo Namora, que es la que menos tiempo lleva con nosotros y que todavía tiene que superar pequeñas taras de su vida anterior.
Por si os interesa, la ruta del valle, nos costó 1h de ida, otra de vuelta más el ratillo que estuvimos viendo el paisaje. La cascada, desde el cruce pone que es una hora, aunque yo llegué en menos de media hora porque me dio un siroco y subí corriendo…no me preguntéis la razón, ya que yo soy ciclista no runner, pero me dio por ahí.
Después de comer y reposar un rato, pusimos rumbo a nuestro segundo y último destino del día: el Lac Chambon.
Arrancamos y sin mayor problema llegamos en poco menos de media hora a nuestro destino, el bonito lago de origen volcánico Lago Chambon, más concretamente al área de autocaravanas que hay justo al lado (45.5715, 2.9297).

Cuando llegamos la barrera esta abierta y en la máquina de pago un cartel que ponía que una vez situados, debíamos ir a la recepción del camping para pagar, y así lo hicimos.
Después de elegir, dentro de las que quedaban libre, la que mejor nos pareció nos acercamos a la oficina y pagamos los 13€/noche (luz incluida) que cuesta en temporada baja el área. En julio y agosto son 15€, algo que nos parece más que razonable por todo lo que ofrecen, ya que las parcelas son muy amplias y están delimitadas por arbustos altos, además cuentan con arbolitos. El suelo es de hierba, está bien nivelado y hay postes de luz cada 4 parcelas.
Después de charlar un rato con el chico de recepción que, por cierto, hablaba castellano, salimos a dar el paseo circular que hay alrededor del lago.
Se nota que es un destino vacacional importante, ya que hay cantidad de casas, casitas, campings, bares, restaurantes y luego, en el lago, hay muelles llenos de pedaletas. Quitando eso, hay que reconocer que las vistas con las enormes montañas que lo rodean, son espectaculares.
Hay varias opciones y rutas para circunvalar el lago y nosotros cogimos la más corta, de 3,5km, la cual es sencilla y se hace sin mayor dificultad. Además, hay cantidad de banquitos para poder descansar o simplemente pararse para disfrutar de las vistas. De hecho, nosotros paramos en un par de puntos diferentes buscando algo de sombra por un lado y por otro disfrutar del sol del atardecer reflejado sobre el lago.
Aprovechamos hasta última hora y cuando las enormes nubes de mini mosquitos levantaron el vuelo, nosotros nos replegamos a la autocaravana.
Localizamos donde estaba la rudimentaria zona de carga y descarga de aguas, rellenamos botellas y volvimos a la autocaravana para descansar un poco y organizar los últimos días del viaje, pero sorpresa, ¡la señal de internet era pésima!, así que nos fiamos de la planificación previa y nos dedicamos a otros menesteres, como descargar material videográfico, escribir la crónica del día y poco más.
10 de abril: Lago Pavin – Salers – Tournemire – Velzic (154,8km)
La noche fue muy tranquila, así que bien descansados nos levantamos y después de la habitual rutina, pusimos rumbo al primero de los objetivos del día: El lago Pavin, de origen volcánico, forma un círculo casi perfecto con una superficie de 44 hectáreas y una profundidad de 92 metros.
Llegamos en cuestión de 15 minutos, aparcamos sin problema en uno de los parkings (45.5040, 2.8594) y nos dirigimos al famoso lago volcánico.
La verdad es que no nos costó mucho llegar, en escasos 10 minutos ya estábamos contemplando las vistas.

No es que diste mucho de cualquier otro lago de alta montaña, pero la característica que lo hace único es que es un lago que contiene dos capas de agua bien diferentes. La primera y más profunda, es agua sin oxígeno y la segunda, bastante gruesa y que contiene a la anterior en el fondo es agua con buen nivel de oxígeno.
Según hemos oído, los científicos controlan el lago ya que hubo otro con unas características similares que, al disminuir la capa superior, la inferior ascendió provocando una explosión.
Al igual que hicimos en el lago anterior, dimos la vuelta circular de 3,9km (1 hora) que hay alrededor del lago. Hay otras más largas y que suben a los picos y laderas de alrededor, pero ese no era nuestro objetivo.
El paseo es agradable, llevadero y sin demasiada dificultad, bueno, salvo por algunas zonas encharcadas que nos obligaron a hacer malabares para no pisar el barrazo.
En una hora aproximadamente, estábamos de nuevo sentados frente al bonito lago.
Cuando nos cansamos de “contemplar”, volvimos a la autocaravana y pusimos rumbo a nuestro segundo destino que nos iba acercando más de vuelta a casa: Salers.
Aquí ya metimos algunos kilómetros más, 86 exactamente y nos costó hacerlos cerca de 1h30m.

Aparcamos en el parking de autocaravanas (45.1404, 2.4943), pagamos los 4€ que cuesta y, antes de salir a hacer el turista, comimos, ya que eran casi las 14:00.
Con la tripa llena y las fuerzas recobradas, salimos a visitar el que está considerado como el pueblo medieval mejor conservado de toda Francia, una joya arquitectónica. Salers también dio su nombre a una raza bovina, emblema de la región, y es la cuna del famoso queso Salers.

Nada más llegar, ya impresiona. Las enormes casonas medievales, levantadas con roca negra volcánica y con una pátina como en pocos pueblos hemos podido ver, hace que al caminar por sus calles empedradas no te cueste absolutamente nada transportarte a tiempos más antiguos.

Callejuelas estrechas y reviradas, rinconcitos estratégicamente puestos y lo que os hemos comentado, las casas. Hemos visto muchos pueblos medievales en nuestros años viajeros, pero os aseguro que lo que nos ha transmitido Salers, no lo ha hecho ningún otro.
Además de perderse por su entramado vial, es recomendable acercarse a los miradores, ya que te dan la perspectiva de donde estás realmente, en un pueblo de roca volcánica, en un alto y rodeado de las montañas de Cantal.
Cuando nos aseguramos que no habíamos dejado ni un solo adoquín por revisar, volvimos a la autocaravana y pusimos rumbo al tercer objetivo del día: Tournemire y el castillo de Anjony.

Arrancamos y media hora después ya estábamos en el parking de Tournemire (45.0534, 2.4853), pequeño pueblo encantador con casas de piedra de lava considerado uno de los más bellos de Francia. Una fortaleza del siglo XV, edificada por un compañero de Juana de Arco, se expone a la vista de los visitantes.
El parking cuesta 2€ y, al igual que en el pueblo anterior, se puede pernoctar pero el problema es que está bastante inclinado. De hecho, hay un par de sitios más o menos aceptables, pero justo lo estaba ocupando una autocaravana francesa.
Nos acercamos a la máquina de pago, pero parecía que estaba estropeada, los autocaravanistas franceses ya lo habían intentado y no funcionaba así que no pudimos abonar el coste del parking.

El pueblo es muy chiquitín y se ve enseguida, pero las casas son preciosas. Al igual que en Salers, las casas son de piedra volcánica, dándole un aspecto muy duro y rudo. Lo más destacable es su castillo de Anjony, que se mantiene erguido en lo alto de la colina, con gran orgullo frente al vacío del valle. Es una pena que únicamente se pueda visitar por las mañanas, porque tiene que ser bastante interesante.
Aunque sea pequeño, merece la pena dedicarle un tiempo para pasear por todas sus calles, ya que en cada rinconcito encuentras un detalle que te sorprende.
Nuevamente, después de no haber dejado una sola esquina por doblar o un recoveco sin escudriñar, volvimos a la autocaravana para poner rumbo a lo que sería nuestro lugar de pernocta en nuestra última noche por Auvernia: Velzic.
No sabemos si existe una opción menos alpina, pero nuestro GPS nos llevó por una carretera de montaña muy…interesante. Digamos que fue hasta bonita, pero porque no nos cruzamos más que con dos coches y no llevábamos a nadie detrás, porque de haber tenido que adelantar, la cosa hubiera estado interesante.
Media hora de estrés después, llegamos al área parking gratuita de Velzic (45.001701, 2.5464).
Se aparca en paralelo y hay espacio como para 4 autocaravanas largas y otras 6 no tan largas. El suelo está asfaltado, pero con mucha gravilla y en la parte de atrás hay una zona verde amplia con mesas de picnic y el río Jordanne, bastante ancho y que le da encanto al lugar.
Cuando llegamos había otras dos autocaravanas en la zona “larga” y nosotros aparcamos en la mas corta. Bueno, realmente es más corta porque tiene una valla de madera que no deja meter el culo hasta el fondo, pero nuestra autocaravana con 5.8m entró perfectamente.
A partir de ahí, poco más que contar; descargar el material videográfico, escribir la crónica del día, cenar y prontito a la cama, que al día siguiente tocaba plantear como íbamos a hacer los 635 kilómetros que nos separaban de casa.
11 de abril: Velzic – Álava (642,9km)
Tal y como había sido la noche en el resto de áreas, la noche en el área de Velzic también fue muy tranquila. Nos levantamos con el gallo, recogimos todo y antes de ponernos en marcha, dimos un pequeño paseo por la vía verde que hay justo entre el río y el área. De esa manera estirábamos las piernas, cansábamos a las peludas para lo que sería un día largo de conducción de regreso a casa.
Antes de coger ruta, localizamos un Leclerc para echar gasoil al precio menos caro que había por la zona y, lo que parecía algo tan sencillo y rutinario como ir a una zona de locales comerciales, nuestro gps lo volvió a convertir en otra gran aventura.
No sé si os podéis hacer una idea de la cara que teníamos mientras íbamos subiendo un puerto de montaña mientras veíamos el polígono en la parte de abajo del valle, atravesado por la misma carretera principal, ancha, recta y lisa por la que íbamos unos minutos antes, hasta que el TomTom Go Camper tuvo a bien hacernos “girar a la izquierda”. Eso si, lo intentó arreglar queriéndonos meter por una carretera de 2m de ancho, que bajaba en vertical hasta el polígono y era de uso exclusivamente agrícola. Así es nuestro GPS, aventurero.
Finalmente, dejamos de escucharlo y seguimos al sentido común, por lo que llegamos sanos, salvos y con todas las piezas de la autocaravana en su sitio a la gasolinera, donde echamos a 2,31€/l…una barbaridad.
Con el deposito lleno pusimos rumbo a casa, pero lo curioso es que nos costó cerca de 2h, 130km y un infierno de carreteritas locales llegar hasta la entrada de la autopista. Tenemos dudas sobre si optó por esa ruta porque no había más opciones, por el atasco debido a las obras de la autopista o por terminar el chiste que había iniciado ese día.
La idea era ir haciendo kilómetros y cuando estuviéramos cansados, parar para visitar algún destino interesante de vuelta, pero la verdad es que venía un temporal que barrería España y Francia de sur a norte, desplomando las temperaturas en más de 20ºC.
Fue a la altura de Burdeos, cuando nos dimos de frente con el temporal que ya estaba azotando con fuerza. Paramos a comer, cuando comenzó a llover con bastante fuerza por lo que decidimos seguir hasta casa, ya que con ese temporal no merecía la pena parar en ningún sitio.
Peajes, frontera y 7 horas después de habernos puesto en ruta llegamos a casa, eso sí, acompañados por el mismo aguacero que no nos abandonó desde que lo encontramos en Burdeos.
El punto positivo es que la autocaravana llegó bastante limpia y sin restos del polvo de los días por Auvernia.
Conclusiones
Tal vez fue porque íbamos sin expectativas, pero ambos coincidimos en que Auvernia nos ha encantado. Es un destino menos turístico para los extranjeros, pero que tiene muchísimo que ofrecer: rutas de montaña, paisajes preciosos y pueblos pintorescos.
Es una pena que no contáramos con más días para poder visitar más volcanes, cascadas, poblaciones medievales o incluso la ruta desde la estación de ski que tuvimos que cancelar por estar con nieve, aunque esto nos da una o varias excusas para volver más veces, algo que haremos sin ninguna duda.
Se trata de un lugar cómodo para visitar, ya que cuenta con muchos parkings y áreas para autocaravanas, haciéndolo un destino ideal para ser visitado con nuestra casita con ruedas. Como sugerencia, creemos que es un destino más adecuado para los meses de abril o mayo, ya que en verano debe hacer bastante calor y cuando suben el ganado, las moscas deben ser bastante molestas, aunque eso ya es decisión de cada persona. Nosotros, al ser del norte, el calor lo llevamos bastante mal y agradecemos temperaturas más amables aunque con esta primavera tan loca que estamos teniendo, también aquí sufrimos temperaturas altas para la época.
Gastos
- Gasolina: 370,71€
- Peajes: 145€
- Áreas Autocaravana y parkings: 23€
- Rellenar agua: 3€
- Seguro Iati Escapadas, una persona: 22,20€
¿Habéis visitado Auvernia? ¿Qué otros lugares nos recomendaríais visitar para otra escapada? Os leemos aquí abajo…







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